Lo que tiene tu piel para hacer que la mía se revuelva y se de la vuelta para verte, la despiertas y ya no quiere volver a dormir. Lo que me provoca tu abrazo redondito y tus brazos alrededor de mi cintura. Tu corazón está metido en el molde de mis ojos, y así conseguimos avanzar, y las manos con los dedos como gusanos que se entrelazan. Tengo las venas llenas de lágrimas porque ya no me hacen falta para nada más. Tengo la banda sonora de tu vida mezclada con pestañas, de esas que sirven para pedir deseos. Yo pedí muchos, muchos, hasta que se me terminaron. Ojala volviese a empezar para pedir exactamente lo mismo.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Como un sapito que duerme así contento
Me gusta quedarme en la cama imaginándome cosas estúpidas y situaciones que nunca ocurrirán. Me gusta controlar cada detalle, el trabajo bien hecho y la sensación que se siente cuando respiras tranquila. Pensar que no todo es como parece y ver cosas incluso donde no las hay, soy especialista en todo eso. Luego me enfado un poco interiormente y me digo a mi misma que no aprendo, no aprendo nunca. Me gusta la casa de mi abuela, la luz que hay y como me siento estando allí. Juntar los pequeños trozos de lo que fue y ver en que se ha convertido. A veces me preguntó si la gente pensará lo mismo que yo en el mismo instante. Mientras espero al autobús pienso en si me podría enamorar del conductor y en que clase de vida podríamos llevar. Y nunca pasa, al final nadie se mueve, porque somos todos unos cobardes, y así nos va. Siempre me quedo con la sensación de que digo todo lo contrarío a lo que quiero decir. Decir “hola, ¿cómo estás?” no cuesta tanto. Inténtenlo.
martes, 1 de diciembre de 2009
El tamaño del cerebro nos hace humanos
He pensado en darme una ducha y cambiar mi vida, de pies a cabeza. Pero, ¿por dónde hay que empezar? Alguien tendría que ayudarnos y señalizar esos pequeños momentos que marcan un antes y un después. Esos momentos en los que decides marcarte un punto en alguna parte de tu cuerpo, algo que te recuerde las historias terminadas y también las que empiezan.
No sé si querer una vida nueva es algo sano, igual lo sano es no quererla, o no, no hacer nada por tenerla. Tengo todas las ideas tan mezcladas y tengo tantas ganas y a la vez tan pocas de explotar que casi prefiero quedarme así.
No sé en que momento deja de ser divertido que nadie te entienda y pasa a ser preocupante, pero qué sé yo de todo esto. Y me paso días enteros escondiendo la cabeza y evitando miradas, y si me preguntas qué tal estoy yo te diré que muy bien, y lo más seguro es que te lo creas. Porque a veces pienso que todos estamos huecos, y luego me odio por pensar esas cosas y me veo trágica y cínica. Intento pensar en qué momento me convertí en esto, en eso, en aquello. Todo lo que debería ser y no soy y el tiempo que pasa y pasa, y yo me quedo igual. Llegué tarde, llego tarde.
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