No sabes lo que te pierdes por no querer ir en tacones, el mundo a tus pies. Fumar ya no me parece nada sexy, en chicos jamás me lo pareció. La casa fría y las calles llenas, menos mal que al despertar podía contar tus lunares. Y tú, tú ya no dejas vacíos, y no veas lo que brindo por ello. Para ser domingo no está del todo mal. Que no entienda ciertos motivos y acciones sólo significa que estoy a años luz de comprenderme a mi misma, aunque por otra parte las cosas tampoco van tan mal así. He empezado a poner en práctica mi nueva filosofía de vida, la de “siempre podría ser peor”. Es odioso lo sé, pero ¿qué quieren? No tengo ganas de nadie pero aún así estoy eufórica por dentro y ya te hice el amor mil veces. No tengo remedio.
Cada vez que veo una foto de Brigitte Bardot quiero ser rubia de nuevo, o mejor dicho ser ella en general. Qué guapa, ya no hay chicas así. Mi madre se parece a Nico, y es tan guapa que si no fuese mi madre me daría rabia. He rescatado a un bebé colibrí que le faltaba una patita y ya ha podido volar, ahora toca que me rescaten a mí. Recibes lo que das. Septiembre es como empezar un año nuevo, ¿no? Yo siempre he tenido esa sensación. A veces me quiero escapar de aquí y otras me muero de miedo, eso es normal, ¿verdad? Me he comprado dos gorros para el invierno, uno es rojo. Tengo un cuaderno donde escribo cosas, mierdas. Quiero pasar del verano a la primavera, y olvidarme del resto. Esta vida me está estafando.
Mira, ¿qué fue de esto? ¿Y de lo otro? ¿Has pensado alguna vez en lo que supone esto para mí? No, claro que no.
Tendría que hacer lo mismo con mi cuerpo para que los órganos fuesen a su sitio otra vez y así dejar de tener los pulmones en la boca y el corazón en las manos. Igual así todo duele menos, o más. Contigo todo duele, hasta las cosas bonitas. Duelen tanto porque sé que las voy a perder, y eso es una putada.
Y esto es un trozo de nada, porque al final todo se queda en nada, ¿no es así?
Me corto el flequillo yo misma. Me lamo mis propias heridas y me seco las lágrimas antes que sea demasiado tarde. No necesito ningún complemento que adorne mi vida, pero necesitar y querer siempre fueron cosas diferentes. Y no puedes ser el rey entre mis piernas ni mi único sentido. Me dicen que los días pasan lentos y que los arrastro con mis pestañas. Eso dicen, ellos, siempre son ellos. Deja que me rompa, te sentirás bien al recogerme, y mis costillas gritan que te hundas aquí conmigo. Pero esa no soy yo, lo sabes. Dime algo, cuéntame cuál fue el minuto exacto en que te diste cuenta de que yo no era igual que el resto, dime cuándo te diste cuenta de que yo podría ser, ser todo aquello que escribías en ese papel. Dímelo, anda. Ese trágico instante en el que te diste cuenta de que yo podría hacerte daño.
Déjame decirte que la mujer de tus sueños me parece una mierda, pero no te preocupes, creo que aún estás a tiempo de rectificar. A mí también me paso, al principio, tenía yo unos diecisiete o dieciocho y sólo me encontraba con gilipollas bastante guapos. Rectifiqué, quité de aquí y de allá y puse un montón de cosas nuevas en mi lista, palabras que no llegaba a comprender muy bien, pero sonaban a lo que quería, a lo que aún creo que quiero. Sobra decirte que desde entonces no he encontrado a nadie que merezca la pena. Pero no, no me lo tomo como un fracaso, no pienso que sea una cínica sin corazón. Tener las cosas claras a veces es un rollo, pero no pienso perderme por el camino. Me gustaría que la próxima vez que te vea y te diga que ojalá encuentres a la mujer de tus sueños no me tenga que tragar mis palabras. Con cariño.
Asociando ideas. Iba en un coche que no era el mío recorriendo el norte, me acordé que nunca hemos bailado nuestra canción favorita, y es una pena porque la bailo realmente bien. Llevaba esa pulsera que no me puedo poner yo sola y me acorde de la cremallera de ese vestido que tampoco me puedo subir yo sola. La vida está mal diseñada. Ayer me dijeron que ya no estabas, que ya no vas a estar más. Qué pena me dio, y fue inevitable recordar lo último que me dijiste, y ahora cobra más significado. Y me alegro tanto de que fuese eso. Me pregunto cuánto tardarás en dormirte un martes, después de tomar una copa. Quiero ese libro de Julián Barnes. Nunca me han regalado un libro, y es algo triste porque es de las cosas que más me gustaría recibir. Quiero una foto desnuda con una guitarra, y la voz de Santi Balmes es de lo más sexy. El chico de gris era el más guapo de la fiesta, sin duda. El tiempo en esta habitación me sabe a vino, eso dice la canción.
No nos gusta la gente intensa, esa que odia o ama, no nos gusta que nos digan las cosas claras, que nos enseñen o que incluso nos den mil vueltas. Estamos todos locos, joder. Y mientras escribo esto escucho a Patti Smith, no es un intento de hacerme la guay, es lo que es, sin rebuscar más. Algún día, algún día dejaré de ser todo eso que ahora buscas, y me quitaré las cadenas, las vendas y me recorreré tu mente de arriba abajo. La canción ha terminado, ahora estoy con Cat Power, para cortarse las venas. Tendrías que ver esto, pasar conmigo los días y las noches, ver como floto cuando creo que estoy sola. El café con leche, las tostadas con mantequilla y la ropa con tu olor. Y es que no hay más, no hay más.
Me gusta la parte en la que parece que todo va a terminar, el miedo a dar el paso siguiente. Me gusta cuando me dices que te mueres por estar entre mis piernas porque en el fondo eres un obsceno encantador. Lo mejor es que yo también me muero porque vivas ahí, por siempre. Soy una obsesionada de las manos, las venas, los antebrazos, las nucas y las orejas. Y vamos a parar ya, que una no es de piedra.
Mi madre siempre decía que éramos una pareja curiosa, creo que nunca entendió qué vimos el uno en el otro. Ella decía que Mario era muy menudo, entre muchas otras cosas, y yo no podía estar más de acuerdo. ¡Menudo era Mario! Me quería a morir, el muy cabrón. Era esa forma de querer que cuando me miraba parecía que se le iban a salir los ojos y se le ponían tan vidriosos que yo temblaba con la idea de que de un momento a otro se me iba a poner a llorar. Y yo consolando a Mario, qué imagen tan terrible. Le consolaba de tanto amor que sentía hacia mí, y yo tan altiva, tan completa y orgullosa me limitaba a seguir el caminito que sus lágrimas iban marcando por su rostro. A veces me tocaba y decía que las manos le dolían, un dolor nada metafórico, tan real como la vida misma, o eso me decía él. Sus manos se quejaban por no poder tocarme allí donde él quería, y yo nunca adiviné qué sitio era ese, pero Mario lo sabía y sus manos también, y yo no dejaba que ellas llegasen allí. Qué trágico era todo pero qué bien me sabía querer Mario. Consentía mis caprichos de niña tonta y mis exigencias de mujer venida a más. Y todo eso lo hacía con su cuerpo menudito llenito de amor para mí. Qué suerte fue encontrar a Mario.
Es raro el día que no vienes a decirme que las gotas que caen de tu frente forman la figura exacta. Esa que habla de un día en el que las hojas caían, y lo hacían al ritmo que marcaban tus estrechas caderas. Con cada contoneo se iba mi mente y tú seguías por aquel camino que sólo lo marcaban las manos frías y te empeñabas en cerrar esos ojitos. Como si el mundo fuese a terminar y sólo quedásemos tú y yo en la oscura calle. ¿Cuánto crees que tardaré en abrir los ojos? Tres horas, una vida, dímelo tú. Arrástrate, que tu pelo se moje y hazme digna de ti. Por un momento creí que ibas a flotar sobre mí y que te perdería entre las puertas que no se abren y los días que no llegan. ¿Sueñas a color? A todo color, y veo como brillas entre el resto.
Me pesan los párpados, y tengo las manos doloridas. Me recuerdas a todo lo que puedo llegar a tener, por eso a veces me cuesta acercarme. He pintado una frase en el espejo de tu baño, algo que te recuerde que siempre voy dejando vacíos y que no sé si podré dar un paso más. Estoy mirando con unos ojos que no son los míos, y no quiero decirte cual es mi sueño por miedo a que te rías, o peor aún, a que me digas que ya lo cumplí sin darme cuenta.
No seas así y dame un poquito de tu sangre, de tus ganas, de tu risa. Dame uno de tus ojos, algún diente, o ese dedo que ya no te gusta. Soy una caníbal contigo pero es que no tengo otra forma de entenderte y quiero algo que sea tan tuyo que te duela. Luego me iré, y no busques explicaciones porque no las hay, ya te dije que soy un espacio vacío esperando a que algo pase y me llene. Y si me tocas con manos cansadas o tus ojos se vuelven débiles será mejor que me marche y busque a ese otro que arde al decir mi nombre. Espero que lo entiendas, amor mío.
Sería tan fácil provocarte. Decirte lo mucho que me gusta besar, como muerdo siempre los labios, así suavecito, un dolor placentero. Como aprisiono la lengua con mi boca y me cuesta dejarla escapar. Me resultaría tan fácil provocarte con mis maneras, con mis gestos, que no tendría ni que contarte la de veces que me imagino enredada a ti, tan pegadita que ya no sabes qué es tuyo y qué es mío. Sería tan fácil, tanto ahora quiero que me provoques tú.
Con dieciséis años me habló de las autopsias sexuales.
Me contó que estaría bien que cada cinco años nos practicaran una de estas autopsias.
Que nos quedáramos muy quietos y alguien nos dijera qué parte de nuestro cuerpo no había sido acariciada; cuentos besos habíamos recibido; si había sido más querido una mejilla o una ceja que una oreja o los labios.
Una autopsia en toda regla de nuestro sexo, pero con nosotros vivos, aunque inmóviles.
Ella se lo imaginaba y le gustaba pensar que alguien, tan sólo mirando nuestros dedos, supiese si habían tocado con pasión o simplemente por rutina. Si nuestros ojos habían sido mirados con deseo o nuestra lengua había conocido muchos congéneres.
Además, podríamos saber cuáles fueron nuestros mejores actos sexuales, al igual que en un tronco cortado vemos cuándo soportó grandes lluvias o sequías. Quizá a los diecisiete, a los treinta o a los cuarenta y siete. Quizá siempre en primavera o casi siempre cerca del mar. ¿Cuántos mordiscos, cuántos susurros, cuántos chupetones hemos sentido? Un cómputo de números sobre nuestro sexo, nuestra lujuria, nuestro placer solitario.
Y según ella, lo mejor era que cuando acabase esa autopsia sabríamos que estábamos vivos, que podríamos mejorar y lograr que nos acariciasen, que deseáramos, que amáramos y nos amasen.
(Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo. Albert Espinosa)
Este trocito me encantó. Una vez leí que entre dos piernas siempre hay la misma fiesta. Mentira. Hay fiestas y fiestas ¿no? Hay veces que deseas que la fiesta no termine nunca y otras que te preguntas por qué no te quedaste en casa. Esta semana vi Manhattan y se me quedó grabada esta frase Tuve un impulso loco de tumbarte sobre la superficie lunar y cometer una perversión interestelar contigo. Vamos a cometer perversiones interestelares, anda. Qué bien suena la palabra perversión aquí. Excitante. Gracias al libro que me estoy leyendo ahora he descubierto un poema de Neruda que me ha vuelto loca. Dice su sexo de pestañas nocturnas parpadea, esto ya si que no es superable por nada. Él se lo susurra a ella despacito, todo el poema, mientras están en la cama. En ese momento y ese poema, nada puede ser más erótico.
Y me he dado cuenta de que las distancias son relativas, ¿qué mas dan los kilómetros, las carreteras o los hombres y mujeres que hay entre tú y yo? Si sé que por las noches siempre vienes a dormir conmigo, que yo lo sé, te noto.
Dime ¿por qué tú estás en una ciudad y yo estoy en otra? ¿Por qué tú ahora estás allí y yo aquí? Si yo sé que tengo un montón de pequeñas cosas que te harían enloquecer. Entonces dime ¿por qué esperar? ¿a qué? Si tú ya me estás volviendo loca desde allí. ¿Te imaginas cuando el destino, el cosmos, el universo o un autobús nos junten? Explotaremos. Qué perfección, de pies a cabeza, desnudo, tumbadito en la cama. Me pides que me desnude yo también y vaya contigo, me dices “caliéntame con tu respiración”. Y así no hay quien se resista.
¿Quién no sabe que ha empezado el mundial de fútbol? Ya, a estas alturas hasta él más despistado, en la tele otra vez vuelven los partidos a todas horas, comentarios, programas, blablabla…
Bueno pues yo quería hablaros de otro mundial, el Campeonato del Mundo de Fútbol de Calle, y lo organiza la Fundación Rais. Puede que os suene el nombre de esta fundación porque aparece en los últimos anuncios de la tele de una conocida bebida. Yo conocí está fundación hace unos años cuando trabajaba. Yo trabajaba en un centro de personas con riesgo de exclusión social, principalmente toxicómanos, además tuve la suerte en ese tiempo de ser una de las editoras de la primera revista en el País Vasco hecha por los propios usuarios, por y para ellos, en las que ellos escribían sus artículos, hablaban de los temas que les interesan e intentaban enseñar a la sociedad cómo en su vida de primera mano. Un proyecto que costó mucho esfuerzo y tiempo pero que mereció la pena.
Uno de los usuarios escribió un artículo sobre la Fundación, ya que él mismo participaba en los partidos y torneos que de vez en cuando se organizaban y que le servían, como a muchos otros, para sentirse un poco más integrado, parte de algo. En el artículo también habla del Campeonato del Mundo, sé que en Internet podréis encontrar mucha más información, si os interesa, pero aquí os pongo (en una no muy buena calidad) ée artículo del que os hablaba.
Ojala tuviese pecas y los ojos verdes y los brazos más largos para enredarlos entre tu cuerpo y hacernos un nudo y doble lazada. El sol hoy no me importa, ya lo tengo. Mañana igual quiero ser diminuta, mulata o romper los corazones de todas las mujeres del mundo.
Tengo una teoría interesante, creo que estoy demasiado cargada de electricidad o algo así. No sé, más eléctrica de lo normal. Me he dado cuenta porque hace unos días se estropeó la pantalla del ordenador, es la segunda y me ha durado como un año. La anterior me duró un poco más, unos tres o así. El caso es que es como si se fundiese, es que es muy raro, y diréis qué tiene eso de extraño. Pues bien es que a parte de las dos pantallas me ha pasado exactamente lo mismo con la pantalla de un mp3 y con la de un móvil. Es raro, ¿no? Ahora tengo miedo de coger el mando de la tele, a ver si la estropeo también y me echan de casa. Aunque ahora que lo pienso la tele de casa de mi abuela también se ha estropeado y es nueva, pero no quiero liarme más que luego me asusto yo sola con mis teorías. ¿Habéis visto una peli de un chico que tenía también mucha electricidad y vivía en un sotanillo y era muy blanco muy blanco? Creo que se llamaba Powder o algo así, bien me siento un poco como él, salvando las distancias.
También tengo otra teoría muy interesante (o una mierda de teoría) aunque tampoco es una teoría en sí, en realidad no sé muy bien qué es. ¿Una creencia? Pues no sé, el caso es que yo a los chicos/hombres en general los puedo dividir en tres clases, tortuga, pájaro y perro. Es decir, yo veo a un chico y puedo decir este es tortuga, o pájaro, pero vamos, que no es una ciencia exacta ni mucho menos, son solo cosas mías.
Y ya tengo destino de vacaciones, me voy a Gandia, con todo su glamour. Es que ¿por qué todo es tan caro? Bueno no, ¿por qué no puedo permitírmelo? Ah ya, porque no trabajo y no quiero saquear más a mis padres a estas alturas de la vida, ¡que me da vergüenza pedir! Así que eso, vamos en coche además, yo ya he avisado que me pasaré dormida todo el viaje, ellas ya me han avisado de que no son responsables del estado en el que despierte, malditas. ¿Y qué hay por Gandia? No en serio, si alguien sabe que me diga, que yo estoy muy perdida. Yo sólo cruzo los dedos para que los bares no estén invadidos por chuliboys, esos con pendientes de “diamante” zapatos de punta, pantalones apretados y más escote que el mío. Que oye, hay gustos para todos, pero a mí ese tipo como que no me va.
Hoy he ido a la universidad y estaban tres chicas hablando con un chico, eran muy jovencitos y una de las chicas le ha preguntado a el chico si también había empezado a estudiar económicas a distancia, el chico súper orgulloso le ha dicho que sí que había cogido sólo tres asignaturas para probar, entonces la chica (que era un poco oseíta te lo juro) le ha dicho qué guay vas a tener dos licenciaturas y nosotras comiéndonos los mocos…qué pobre, he pensado yo, aquí se come los mocos el de dos carreras, el de tres y el de cuatro…pero bueno, no he dicho nada porque yo antes pensaba igual. Y aquí estoy.
Jo en serio, no estoy nada inspirada, ¿qué me pasa? ¿O será que no me pasa nada?
Se calló y me miró, quizá sorprendida por el comentario.
-Pensaba en otras mujeres. En una, sobre todo. Fue hace dos o tres años en Madrid. Al terminar se estaba poniendo el sol. Me asomé, tiré una colilla, vi el cielo muy gris, excesivamente gris, y escuché de pronto el tañido de unas camapanas. Aquello me dió mala espina. Me sentía insoportablemente solo.
(Eldorado, F.S. Dragó)
Siempre he dicho que si tuviera que hacer un regalo que fuera una palabra ésta tendría que ser la palabra ojalá. Ojalá octubre. La felicidad. Qué es, quién la siente, cómo se conserva. De dónde viene, pero ojalá se repita. Un mes perfecto, una vida que no se rompa por las puntas, como los carteles. Ojalá. Nadie la tiene. Nadie la ha tenido. La felicidad. Le dije a Mikel Urmeneta, unos días antes de leer la frase de Capote, en una playa de ibiza, que ése podría ser mi lema para vivir: la palabra ojalá. Venía de mil viajes, había visitado a mil personas, en mil lugares, y había escuchado mil conversaciones diferentes, y en muchas oí mil veces la palabra felicidad o su contraria; en medio de ese vendaval, la palabra ojalá, como un amuleto. Y también escuché o ví, a personajes como Truman Capote. Le dije también que todo acaba, que nada persiste, pero que la palabra ojalá te permite guardar la sospecha de que no es cierto; al contrario, te inclina a pensar que vas a vivir siempre, y que vas a ser feliz. Ojalá. Esa palabra deja tantos campos abiertos. Ojalá. Mi padre la decía, bueno, la sentía. Él creía que siempre iba a haber una posibilidad, un resquicio, por algún lado entrará la felicidad, o la vida. Yo lo creo también. Ojalá.
(Ojalá Octubre, de Juan Cruz Ruiz)
Una persona te acaricia, te hace bromas, es dulce contigo y luego nunca te vuelve a hablar. ¿A qué te refieres, a la Tercera Guerra? La desconocida te ama y luego reconoce la situación matadero. Te besa y luego te dice que la vida consiste precisamente en seguir adelante, en asimilar alimentos y buscar otros. Es divertido, en el cuarto, además del reflejo que lo chupa todo (y de ahí el hoyo inmaculado), hay voces de niños, preguntas que llegan como desde muy lejos. Y detrás de las preguntas, lo hubiera adivinado, hay risas nerviosas, bloques que se van deshaciendo pero que antes sueltan su mensaje lo mejor que pueden. “Cuídate.” “Adiós, cuídate.”
(Tres, Roberto Bolaño.)
Y yo me digo a misma que aunque escriba y escriba y no haya persona física real a la que vayan destinadas esas palabras no significa que ellas no sean reales. Salen de mi mente, de mi cabeza, y allí ellas existen, como las demás, como las que si tienen destinatarios concretos. Todas merecen su pequeño momento de realidad, es por eso que las dejo salir, a que exploren ellas solitas y luego me indiquen algún camino. Pero nunca se sabe ¿no? Puede que esas palabras algún día sean dichas, o escuchadas o leídas, o abrazadas o tatuadas, lloradas o reídas. Y se las puedo decir a él, o a él, o a ese otro, o a ella que me mira de vez en cuando, o a ti. Igual un día me encuentro contigo y te las digo, ¿te imaginas? Uno delante del otro y yo diciéndote que quiero pasarme los próximos diez años desnuda en la cama, y contigo. Y tú me dirás que soy una loca mientras te ríes, ¡diez años! ¿Cómo puedo pensar eso? Es el tiempo que nos debe esta vida, a ti y a mí, por las cosas que no nos han pasado y deberían, por el tiempo que he pasado sin notar tus costillas pegadas a mi cuerpo y por no dejarme que me atase a tu piel. Te sigues riendo llamándome loca, ríete sí, pero no pares de hacer lo que estás haciendo, que yo ya no distingo mi lengua entre tu boca.
Las distintas preguntas con diferentes respuestas, saber que las marcas de los besos no se borrarán nunca, ni mi cuerpo marcado en tu colchón.
Vamos a sumarlo todo, no olvides nada, te pondré el hilo rojo en la muñeca para que lata al ritmo del color de tu sangre. Y nunca me pidas que te quiera con los ojos cerrados, ni me rompas el corazón sin querer. Yo, yo que me haría astronauta por ti.
Me he dado cuenta que este es mi primer año sin exámenes, el primer año de de vida sin tener que estudiar. Qué guay. Pero no os creáis, esta vida ociosa me esta matando poco a poco, lentamente. Soy una exagerada, lo sé, no es para tanto. Ahora echo de menos la universidad, los primeros años fueron los mejores sin duda. Al principio todo es bonito, el último año sólo pensaba en quemar la universidad, en plan pirómana total, hasta sonreía de felicidad con sólo pensarlo.
Bueno pues me acuerdo que en los primeros años de uni siempre estábamos juntas un grupito de chicas, seis en concreto, y había un chico que intento conquistarnos a todas, a las seis, una detrás de otra. Y tanto esfuerzo para nada, el pobre. Nosotras nos reíamos y decíamos que tenía el corazón muy grande y por eso tenía tanto amor para dar. Luego dejamos de ver al chico por la uni y nos enteramos que era porque estaba en el hospital, lo habían ingresado porque habían descubierto que tenía el corazón demasiado grande y le estaba dando problemas. Toma ya. Y qué mal nos sentíamos nosotras, aunque no tuviésemos nada que ver. Es que esas cosas dan como grima ¿no? A ver si nosotras le estábamos adivinando el problema cardiaco sin darnos cuenta.
Me acuerdo una vez que soñé que el Papa se moría, el de ahora no, el otro. Bueno pues me pase todo ese día con angustia. A mi personalmente que se muriera o no me daba un poco igual, pero no ese día que yo lo había soñado. ¿Os imagináis que muere ese día? Yo me asusto y pienso que tengo súper poderes o que soy una especie de elegida para algo. Qué mal.
Y después de todo este rollo os diré que Noelia, una chica que hace unas cosas muy muy bonitas que deberíais ver, me ha mandado unos deberes que yo voy a hacer encantada. Tengo que decir diez cosas que me hagan feliz. Diez me parece una exageración. Me ha costado todo y más…
Tocarle la oreja a mi abuela
El chocolate, la paella, la tortilla de patatas de mi padre y el jamón serrano.
Irme de viaje y si es con mis amigas mejor
Mi mejor amiga
La playa, toda ella, tomar el sol, saltar las olas, salitre en el pelo y la ducha cuando vuelves a casa.
Luna
Comprar libros
Que me valgan los vaqueros de cuando tenía 20 años
Quedarme sola en casa, para hacer lo que me de la gana o no hacer nada.
El café de media mañana, el café de media tarde y el café de después de la cena, con su respectiva charla.
Tienes una mirada pornográfica. ¿De verdad lo piensas? Yo no creo que sea así, simplemente veo cosas y las digo. Cosas que los demás igual prefieren ignorar. No sé muy bien por qué lo hacen pero no hablan de ello y que yo sí lo haga no quiere decir que tenga una mirada pornográfica. Espero que lo entiendas porque haces que lo que te dije parezca algo sucio, cuando en realidad sólo es deseo. Deberías buscar el significado de esa palabra en el diccionario, así nos ahorraríamos muchos enfados de aquí en adelante. De-se-o, qué bonita. Oye, esto es sólo un consejo, así que no te enfades. Te escribo todo esto porque sé que si te lo digo cara a cara te voy a volver a repetir aquello que te llevo a decirme semejante frase. Es que nunca me había dado cuenta hasta ayer de lo de tu boca, ya sabes, el tamaño de tu boca. Tu boca tiene el tamaño perfecto para encajar en mis pechos. En uno o en los dos, eso ya lo veremos. Fue empezar a hablarme y mover así la boca, de esa forma en que tú la mueves, la abres y cierras de esa forma tan contundente y dramática, que vi claramente que tu boca era perfecta para mi pecho, para morderme un pezón o cualquier otro de esos juegos. Y luego ya fue la lengua, dijiste esa palabra tan larga y bonita, y sacaste un poquito la lengua, así como tímida, y también era perfecta para mí. No me creía la suerte que estaba teniendo. Tienes la lengua perfecta para acoplarse en mi ombligo. Tu lengua, su longitud, grosor e incluso su color, toda ella. Toda ella encajaría a la perfección en el agujerito de mi ombligo,
Así que cuando leas esto deberías ir corriendo a mirarte en el espejo. Mira bien tu boca, tus labios, tus dientes, ábrela todo lo que puedas, saca la lengua, retuércela, juega un poco. Quiero que tú también veas todo aquello que yo veo con sólo mirarla. Quiero que sepas que tu boca y tu lengua están diseñadas para acoplarse a ciertas partes de mi cuerpo. Sin miedo, sin vergüenza, sin pudor. Y tienes que saberlo, porque no sé puede tener tanta perfección y no darse cuenta.
Odio entrar en las tiendas y ver cosas bonitas pero no tener dinero para comprar nada. Odio ser pobre. Es como cuando ves a las parejas enamoradas y te parece tan bonito, pero tú no puedes, porque al parecer no tienes corazón.
Y me encanta el frío y abrigarme mucho mucho, bufanda, gorro y guantes, que sino no es invierno. Sentir el frío fuera y tu cuerpo caliente. Ojala todo el frío se arreglara poniéndose ropa.
Me he sacado unas fotos medio desnuda, o medio vestida, y aún pienso si debería mandártelas. Ya sabes que yo nunca me veo bonita.
El miércoles, 1 de septiembre empezaré mi operación bikini. Tarde, lo sé. Nunca consigo coger el ritmo de la gente. Déjenme disfrutar.
Con un rotulador me he marcado tres puntos en mi cuerpo. Puntos que me tienen que recordar tres cosas esenciales que debo hacer todos los días. Sentir, reír y excitarme. Este último es esencial. Excitarse en todos los sentidos posibles de la palabra. Si lo hiciéramos, al menos una vez al día, las cosas nos irían mucho mejor. Por eso me he marcado ese punto, en ese estratégico lugar de mi cuerpo, para recordarme que tengo que cerrar los ojos para dejarme llevar, dejarme llevar por todo. Y cuando lo consiga, en ese momento de excitación absoluta, pensar que todo es posible. Todo. Es en ese justo momento cuando creo que me susurras esas palabras al oído. Me susurras. Es imposible conseguir más excitación. Tengo el punto marcado en mi cuerpo, los ojos cerrados y tus susurros. Por un momento, por un pequeño instante he creído que todo era posible. ¿No es magnífico? De ahí su importancia. Así que venga, excitémonos, una vez al día, por favor.