lunes, 31 de mayo de 2010

Sería absurdo privarlo de la esperanza


Tienes una mirada pornográfica. ¿De verdad lo piensas? Yo no creo que sea así, simplemente veo cosas y las digo. Cosas que los demás igual prefieren ignorar. No sé muy bien por qué lo hacen pero no hablan de ello y que yo sí lo haga no quiere decir que tenga una mirada pornográfica. Espero que lo entiendas porque haces que lo que te dije parezca algo sucio, cuando en realidad sólo es deseo. Deberías buscar el significado de esa palabra en el diccionario, así nos ahorraríamos muchos enfados de aquí en adelante. De-se-o, qué bonita. Oye, esto es sólo un consejo, así que no te enfades. Te escribo todo esto porque sé que si te lo digo cara a cara te voy a volver a repetir aquello que te llevo a decirme semejante frase. Es que nunca me había dado cuenta hasta ayer de lo de tu boca, ya sabes, el tamaño de tu boca. Tu boca tiene el tamaño perfecto para encajar en mis pechos. En uno o en los dos, eso ya lo veremos. Fue empezar a hablarme y mover así la boca, de esa forma en que tú la mueves, la abres y cierras de esa forma tan contundente y dramática, que vi claramente que tu boca era perfecta para mi pecho, para morderme un pezón o cualquier otro de esos juegos. Y luego ya fue la lengua, dijiste esa palabra tan larga y bonita, y sacaste un poquito la lengua, así como tímida, y también era perfecta para mí. No me creía la suerte que estaba teniendo. Tienes la lengua perfecta para acoplarse en mi ombligo. Tu lengua, su longitud, grosor e incluso su color, toda ella. Toda ella encajaría a la perfección en el agujerito de mi ombligo,
Así que cuando leas esto deberías ir corriendo a mirarte en el espejo. Mira bien tu boca, tus labios, tus dientes, ábrela todo lo que puedas, saca la lengua, retuércela, juega un poco. Quiero que tú también veas todo aquello que yo veo con sólo mirarla. Quiero que sepas que tu boca y tu lengua están diseñadas para acoplarse a ciertas partes de mi cuerpo. Sin miedo, sin vergüenza, sin pudor. Y tienes que saberlo, porque no sé puede tener tanta perfección y no darse cuenta.

sábado, 29 de mayo de 2010

Un personaje de película




Odio entrar en las tiendas y ver cosas bonitas pero no tener dinero para comprar nada. Odio ser pobre. Es como cuando ves a las parejas enamoradas y te parece tan bonito, pero tú no puedes, porque al parecer no tienes corazón.
Y me encanta el frío y abrigarme mucho mucho, bufanda, gorro y guantes, que sino no es invierno. Sentir el frío fuera y tu cuerpo caliente. Ojala todo el frío se arreglara poniéndose ropa.
Me he sacado unas fotos medio desnuda, o medio vestida, y aún pienso si debería mandártelas. Ya sabes que yo nunca me veo bonita.
El miércoles, 1 de septiembre empezaré mi operación bikini. Tarde, lo sé. Nunca consigo coger el ritmo de la gente. Déjenme disfrutar.

jueves, 27 de mayo de 2010

Estas jodidas mujeres están todas locas





Con un rotulador me he marcado tres puntos en mi cuerpo. Puntos que me tienen que recordar tres cosas esenciales que debo hacer todos los días. Sentir, reír y excitarme. Este último es esencial. Excitarse en todos los sentidos posibles de la palabra. Si lo hiciéramos, al menos una vez al día, las cosas nos irían mucho mejor. Por eso me he marcado ese punto, en ese estratégico lugar de mi cuerpo, para recordarme que tengo que cerrar los ojos para dejarme llevar, dejarme llevar por todo. Y cuando lo consiga, en ese momento de excitación absoluta,  pensar que todo es posible. Todo. Es en ese justo momento cuando creo que me susurras esas palabras al oído. Me susurras. Es imposible conseguir más excitación. Tengo el punto marcado en mi cuerpo, los ojos cerrados y tus susurros. Por un momento, por un pequeño instante he creído que todo era posible. ¿No es magnífico? De ahí su importancia. Así que venga, excitémonos, una vez al día, por favor.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Lou se llamaba



Con lo que me gusta la playa y nunca voy los fines de semana. Lo odio. Se llena de gente y no me gusta, así soy. Prefiero la playa tranquila y solitaria, y sé que si voy un fin de semana odiaré la playa, aunque sólo sea ese día. Y no quiero. Así que me dediqué a leer. Encargué hace un tiempo los dos libros de Albert Espinosa y en dos días me los he leído. No os voy a recomendar que los leáis (no porque sean malos, ni mucho menos) pero sí que investiguéis un poco sobre Albert, porque su historia es extraordinaria. Él es extraordinario.
Y me siento mal porque tengo un montón de libros esperándome, en la mesilla tengo Justine, el primero del cuarteto de Alejandría de Durrell. Me esta gustando mucho, me encantan los libros que describen a mujeres un tanto desesperadas, deshechas y misteriosas. Recuerdo que sentí algo de celos cuando leí Madame Bovary, por como la describen, con todo detalle, no creo que nadie me pueda describir a mí así, con tanta precisión, tan poco a poco. Me pareció precioso.
Ahora parece que a la gente le ha dado por Bukowski, o eso me parece a mí. Yo me leí hace unos años Escritos de un viejo indecente, y se lo dejé a una amiga pensando que fliparía con él. Me lo devolvió y me dijo que no había leído más de diez hojas, le parecía horrible. Aunque he de decir que me prefiero a Miller antes que Bukowski, Trópico de Cáncer me deja alucinada.
Una vez me leí un libro de Danielle Steel, nunca más. Y El Alquimista de Coelho, y lo mismo digo. Pero bueno, pera saber lo que te gusta hay que investigar. Me acuerdo de pequeña que nos mandaron hacer un trabajo sobre cualquier personaje. Yo elegí a Becquer, tenía quince años y la edad del pavo mandaba. Recuerdo en esa época leer el libro de La pasión turca, y claro, me dejó alucinada, luego vi la peli y fue una decepción total. El viernes vi por primera vez Los puentes de Madison. Soy de esas personas que han visto pocas películas míticas pero sí que he visto Dirty Dancing 2.
Mi padre acaba de traer cerezas y estoy haciendo nudos con la boca, como Audrey.

jueves, 20 de mayo de 2010

Deberías volver a Europa





Llevo 26 días observándote. Y tengo que decirte varias cosas. El verde te sienta demasiado bien. Cuando hablas conmigo te tocas el lóbulo de la oreja derecha, y a mi sólo me entran ganas de mordértelo. Si te pones nervioso te albotas el pelo y yo me pongo justo detrás, sin que te des cuenta, para poder respirar el olor de tu champú. Coges la cerveza con la mano izquierda, y yo quiero que me acaricies con la derecha. Te tiembla un poco el pulso cuando empiezas a escribir. Las palabras que no te gustan las dices muy rápido, en cambio con otras te recreas y las saboreas. Nadie ha pronunciado mi nombre tan dulce como tú. Si estás pensando en algo importante te muerdes el labio, y yo quiero que lo hagas con más fuerza, hasta que te hagas sangrar y así yo pueda curarte con mi lengua. Los lunes estás especialmente de buen humor, y yo monto una fiesta por ello. Tienes un lunar al lado de la ceja derecha y estoy convencida de que me sonríe. Y creo firmemente que eres demasiado guapo para este mundo.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Al lanzar el último suspiro



Pequeños rayitos de sol, menos mal. Es lo que tiene vivir en Euskadi tropical, celebras los rayitos casi con una fiesta. Me muero de ganas de ir a la playa, a mi playa. Hoy me he encontrado con dos personas que iban cantando solas por la calle. ¿Estaban locas o será la felicidad? La felicidad, seguro. Yo por ahora sólo canto por dentro, que ya es algo. Dadme tiempo y un poco más de calor y ya veremos lo que pasa.
Y me dicen, es que una chica como tú, es que una chica como tú debería, una chica como tú tiene que… Vamos a ver, ¿y cómo soy yo? Porque si tú lo sabes por favor explícamelo. Una chica como tú. Qué manía. Ya sabré yo lo que tengo, debo o no debo hacer. Y si no lo sé pues es mi problema. Porque vamos a ver, si yo sé estar sola, y además disfruto de esos momentos, ¿por qué voy a tener que cambiar? Las cosas llegan por si solas, pero la gente no lo entiende y van forzando y forzando. Y así nos va.
Menos mal que hoy hay rayitos de sol y la rabia se me va poco a poco.

lunes, 17 de mayo de 2010

Eres demasiado seria




Estoy intentando concentrarme en mirar el libro que tengo entre las manos, estoy fijándome en las letras e intento juntarlas para que formen las palabras. Palabras que no me importan en absoluto pero así consigo olvidarme por un momento de tus manos. Tus manos. Si por un segundo fijo mi vista en tus manos ya estaré perdida. Es ver tus manos e imaginármelas desabrochando los botones de mi camisa. Tus manos confundiéndose entre mi pelo. Es que no puedo parar, no lo puedo controlar. Y me entra calor y parece que me voy a quedar sin aire. Entonces vuelven tus manos, rozándome los labios para calmarme. Pero así no, así no. Volvemos a lo mismo y ahora tus manos están buscando los lunares de mis piernas. Ya me he olvidado del libro, de sus letras, me he perdido y no sé hasta dónde podré llegar. Las venas de tus manos se empiezan a dilatar, la sangre fluye tan rápido que te tienes que dar cuenta. Te tienes que dar cuenta de que tus manos ya nos son tus manos, se fueron de viaje hasta mi mente. Mi mente calenturienta, podría ser. Te lo advertí y ahora no lo podré parar. Y esto sólo al ver tus manos. Te voy a volver loco.

domingo, 16 de mayo de 2010

Todo parecía quedar probado




He pensado que podríamos borrar el día de hoy,  o algunos de los minutos trágicos y lentos. Pero creo que es mejor pensar que nos podemos encontrar en un ascensor, mientras tú subes y yo bajo. Incluso podríamos llegar a besarnos, pero sin tocarnos. Besos sin manos. A mí no me gustan mucho, pero mira, hoy no me quiero quejar demasiado. Además yo no soy así, qué pesado es estar quejándose todo el rato. A veces las cosas van bien, y otras no tanto. Yo por eso ando bien atenta a todo, pero sobre todo a las cuatro paredes y en el momento en el que se cierra la puerta para  poder lanzarme sobre ti  con el corazón ya en la boca. Todo como muy pasional, porque si no es así es todo un poco más de lo mismo ¿no crees? Mira yo hoy me he desabrochado un botón más de la camisa, iba de lo más natural enseñando lo que se supone que no debo. Porque resulta que hay un límite para todo, aunque no sepas muy bien a qué se debe. Bueno pues rompamos algunos de los límites, vamos a arriesgarnos a que nos llamen locos. Vivir la vida no sienta mal de vez en cuando, así que probemos.
Yo me pondría cualquier disfraz, el que más te guste a ti. Luego te cojo de la mano para no soltarte jamás y vamos paseando y paseando y paseando. Intentaría no hacer mucho ruido, ni al respirar, como si fuéramos de cristal. Temiendo rompernos a cada paso. Pero eso no me importa, yo me arriesgo. Y me arranco los ojos y te los pongo a ti, y me corto el pelo para regalártelo y me pinto los labios para llenarte el cuerpo de besos.
Bueno pues esto lo haría un viernes-cualquiera, lunes-cualquiera o jueves-cualquiera. Cualquiera de los días vacíos y monótonos, me cubriría de todo para no quedarme con nada, con nada pero contigo.

jueves, 13 de mayo de 2010

No, querido

Esto no es peloteo hacia un amigo porque él ni siquiera sabe que va a salir por aquí, el pobre. Lo que quiero es compartir lo que el hace, el caminito que está haciendo poco a poco. Nos conocimos en la universidad cuando era todavía un niño y me alegra ver en lo que se está convirtiendo. Compone sus canciones, las canta, actúa y está escribiendo su primera novela. Y todo ello lo hace realmente bien, y no pienso que me ciegue la amistad al decirlo. Es brillante, especial, inteligente y va a triunfar, y si no lo hace por lo menos está luchando por todo aquello que quiere, y eso ya es mucho.
La foto es de la última vez que nos vimos, en Madrid, minutos antes de que me cayera pintura negra en la cabeza y tuviésemos que refugiarnos en su casa para intentar arreglar mi nuevo look.
Aquí tenéis más de él, que merece la pena.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Otra cana...






Cuando creo que andas por aquí se me acelera el corazón. Pum pum pum. Esto no puede ser, que yo ahora soy pelirroja peligrosa y tengo que controlar estas cosas. Pero es que no lo puedo evitar, ni quiero. Si tú aún no te has dado cuenta te puedo dejar alguna nota en tu chaqueta de los domingos, te puedo escribir tozos de canciones o mandarte un beso en papel, lo que tú prefieras. Pequeñas pistas. ¿Qué te parece? Pero tú haz lo mismo conmigo, que yo ya estoy atenta por si dejas algo para mí. Vamos a jugar, chico guapo.



martes, 11 de mayo de 2010

Las mujeres de Alejandría



Guárdame un trocito de tu piel para que yo la pueda conquistar. No se lo dejes todo a la chica del viernes, o a la del sábado. Guárdame un trozo para mí. Sólo mío. Por si aparezco algún día y necesito donde refugiarme. Déjame que yo lo descubra y lo haga mío. Márcame un camino con tus manos y cierra los ojos para que yo lo siga. No lo malgastes todo, por favor. Algún día apareceré, te lo prometo. Ya estoy cerca, ¿acaso no me sientes cuando cierras los ojos? ¿No me notas  justo en el momento de quedarte dormido?
Sí, ya casi te estoy rozando, cada vez más cerca. Pero guárdame un trocito, por favor.

sábado, 8 de mayo de 2010

Mandadme besos...o algo




Tengo resaca, así que escribiré sobre cosas banales, mucho mucho, avisados estáis. No puedo dar más, la cabeza me va a explotar, explosionar, reventar y matar. Como si tuviera quince años, pues igual.
Ayer me viene uno y me dice el nombre de un grupo de música, lo que pretendía decirme era que me parecía a la cantante. Y me dice que seguro que ni conozco al grupo del que me habla. ¿Y qué te hace pensar eso? ¿Por qué? ¿Acaso no me ves lo suficientemente guay, molona o gilipollas? Lo conozco y vaya mierda de grupo, por cierto. Poco criterio. Si yo tuviese buena voz sería como PJ Harvey y así podría decirte  lick my legs I'm on fire, y me quedaría tan ancha.
Lo más cerca que he estado de sentirme famosa fue cuando me veía con un chico que se parece mucho a un actor famoso. La gente nos miraba, mucho, y era una sensación rara pero bueno, hasta se sacaban fotos con él. Joder con el artista.
He visto Perdidos, cómo he llorado, ayer le decía a mi amiga que yo no me querría ir de esa isla, madre mía qué macizos…Esta hablando mi resaca, no yo, recordadlo cuando me odies por esto.
Voy a morir un poco al sofá, qué mayor estoy joder.

martes, 4 de mayo de 2010

Dios es un humorista


Igual tú no te acuerdas pero la última vez que nos vimos fue Madrid, yo estaba de paso y tú ya llevabas un par de años viviendo allí. Yo me quedaba unos días en casa de una amiga, cuando te lo comenté por teléfono me preguntaste por qué no me quedaba en tu casa. Me pareció tan obvia la respuesta que preferí ignorarla. Quedamos un viernes, antes fue imposible, yo tenía que hacer unas cosas y tú lo de siempre, que realmente no sé muy bien lo que es. El caso es que me puse mi vestido nuevo, el que me compré el día anterior por veinte euros. Era febrero y no era tiempo de vestidos pero aún así me arriesgué, ya sabes como soy, en unas cosas tanto y otras tan poco.
Llegué, llegaste, qué guapa estás, qué vestido más bonito, gracias, tú qué tal, bien, bien.
En mi cabeza me repetía que un mal comienzo no significa nada, y lo esperaba de verdad.
Fuimos a comer y hablamos de cosas simples, cosas que sabíamos que no nos llevarían a discutir ni a ponernos pasionales. Eso nunca. Me llevaste a un sitio que conocías para tomar café, invité yo, que para algunas cosas soy todo un caballero. Y allí estábamos, tú, mi vestido de veinte euros y yo. El café estaba caliente y rico, estábamos sentados en un sofá y tú me hablabas de algo moviendo mucho las manos, por un momento pensé que no quería estar en otro lugar del mundo que no fuese allí contigo. Aunque menos mal que fue un momento y pronto se me paso el momento pasteloso.
No sé como no te podías dar cuenta de lo que estaba sucediendo, no te hacía ni caso a lo que me contabas, no tengo ni idea de que era eso tan apasionante que te llevaba a gesticular y hablar como un loco. Yo sólo pensaba en la distancia que había entre mi vestido de veinte euros y tus manos, puede que en centímetros fuesen cuarenta o cincuenta, no lo sé, yo estaba extasiada, distendida, distraída y ardiendo. Me estaba volviendo un poco loca así que decidí que era hora de cortar tu monólogo y empezar a hablar. Te expliqué algo que había escuchado sobre la teoría de las cuerdas, tú me mirabas con cara de no entender nada, normal, ni siquiera yo sabía qué te estaba explicando, recuerdo que te hablaba de dimensiones y tú asentías. Pobre. Pero yo te hablaba y pensaba en por qué coño no mandabas a la mierda la teoría de las cuerdas, las dimensiones y demás locuras para acercarte a mi oído y decirme que te encantaría quitarme mi vestido nuevo de veinte euros. Pero no pasó nada de eso, qué mierda. Así que terminé de hablar y me quedé callada esperando a que tú reaccionaras. Y por una vez fuiste sincero. Me dijiste que no me habías hecho ni caso, no habías podido apartar la vista de la forma en la que ponía los labios al pronunciar las palabras y que pensabas en cómo me vería sin mi vestido de veinte euros protegiéndome y tú arrancándome las bragas. Bravo.

lunes, 3 de mayo de 2010

Te espero abajo

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Lorenzo Lamas ha intentado agregarme a Facebook. La foto es sin duda de sus mejores tiempos, pecho descubierto y melena al viento, un macho en toda regla. Entre sus amigos se encuentra lo más selecto, Bruce Lee, Michael Knight, Epi Amarillo o Antonio Panderas (sí, con P). Me ha costado pero he decido ignorar su petición. Quizás en otra vida Lorenzo.
Sigo buscando trabajo, qué asco de vida, y a parte de eso creo que no hago nada más que sea productivo. A veces pienso en lo fácil que sería pegar un braguetazo, no pegar el braguetazo en si, más bien la vida que vendría después. Luego me entran ganas de vomitar sólo de pensarlo.
Canto como el culo, no tengo ningún sentido del ritmo, es más, ni siquiera se tararear, muy triste. Tampoco es que sea magnífica sacando fotos, ni dibujo, ni bailo excesivamente bien. La moda me interesa más bien poco, no sé muy bien qué es lo que se lleva ni qué es tendencia, y todas esas cosas. Yo sé que estoy cómoda con mis pitillos negros y mis zapatillas.
Tengo un lunar en el ojo, eso es raro. A mi me gusta, pero me gusta más la gente que puede verlo. También tengo cicatrices y en esas se fija todo el mundo. Gente que no me conoce de nada me pregunta qué me ha pasado. Yo les digo que es un clítoris y que si quieren pueden tocar, pero nadie toca. ¿Tan aburrida es la vida de la gente? A mi me da igual lo que tengas, hagas o dejes de hacer, porque ya tengo suficiente con lo mío.
Y por último, odio cuando la gente no sabe que decir y te suelta eso de “cuando menos te lo esperas”. Pero vamos a ver, ¿realmente hay alguien que no se espere las cosas buenas de la vida? Porque yo siempre lo estoy esperando todo, y no sé si debe ser porque tengo mucha imaginación pero es que se me va la cabeza y me imagino todo tipo de cosas y claro, luego las espero, por supuesto. Y por esa regla nunca me sucederán. No sé si me he explicado muy bien. Hace unos años me entró una gran paranoia y pensaba que las cosas que me imaginaba nunca sucederían, sí sí parece una chorrada pero a mi me tuvo con la imaginación retenida un tiempo. Por ejemplo, si me imaginaba cosas bonitas con el chico del cole que me gustaba nunca sucederían, y cosas así. Un mal rollo de los grandes.