Ayer fui a la librería, hacía algún tiempo que no iba y me perdía entre tantos libros. Pero tengo una queja, ¿cómo pueden ser tan caros? Es que me enerva, me crispa, me pongo mala. Claro que yo me arruinaría comprando libros, pero es que no tengo ni dinero para arruinarme. Así que ahí estaba yo, dudando en gastarme una pasta. Entonces pasó, lo vi, vi un libro que tenía tu nombre, era para ti. Pero yo ya no te compro libros, ya no te compro nada. Aunque me gustaría comprártelos todos, y un millón de cosas más, pero no lo puedo hacer por mi bien. No puedo evitar pensarlo y pensarte, es un poco agotador. ¿Hasta que punto me estoy desquiciando? Al final cogí otro libro, para mí, empecé a leer allí la primera página y me puse a llorar. Que me puse a llorar, joder. La dependienta muy amable me preguntó si me encontraba bien. ¿Bien? Estoy rota, ¿acaso no lo ves? La miré y la que dije que estaba perfectamente, se quedó tranquila y me dijo que ese libro era muy especial. Esa mujer no sabe lo que es especial. Especial es el libro que no te compraré y los besos que no me darás y tú, tú, tú...y así hasta el infinito.
martes, 2 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
