jueves, 29 de julio de 2010

Besos tan inexpertos que hacen pensar en los primeros trabajos de imprenta

Mira Bob, cómo se escandaliza, el muy tonto.
Las pelirrojas dominaremos el mundo, aunque a esta le haga falta comer.
A mi me parece PERFECTA
La barbita y los pelitos asi revueltos. Es sexy.
Audrey, la que hacía nudos de cereza.
Esta podría ser yo, pero mi yo de antes.
Yo quiero encontrarme una.
Ya, claro. Pero Luna a mí me quiere, que me lo ha dicho.
Mis dos semanas sin presencia paterna me las he pasado así. Ni más ni menos.
Hace poco me besé en el metro. Pero no fue ni la mitad de guay.
Yo viviría en ese huequito, y no me haría falta más.
El amor a cualquier edad, claro que sí. Hay cosas a las que no les salen arrugas.

domingo, 25 de julio de 2010

Cocinarse en la sensualidad como una manzana al horno




Mi madre siempre decía que éramos una pareja curiosa, creo que nunca entendió qué vimos el uno en el otro. Ella decía que Mario era muy menudo, entre muchas otras cosas, y yo no podía estar más de acuerdo. ¡Menudo era Mario! Me quería a morir, el muy cabrón. Era esa forma de querer que cuando me miraba parecía que se le iban a salir los ojos y se le ponían tan vidriosos que yo temblaba con la idea de que de un momento a otro se me iba a poner a llorar. Y yo consolando a Mario, qué imagen tan terrible. Le consolaba de tanto amor que sentía hacia mí, y yo tan altiva, tan completa y orgullosa me limitaba a seguir el caminito que sus lágrimas iban marcando por su rostro. A veces me tocaba y decía que las manos le dolían, un dolor nada metafórico, tan real como la vida misma, o eso me decía él. Sus manos se quejaban por no poder tocarme allí donde él quería, y yo nunca adiviné qué sitio era ese, pero Mario lo sabía y sus manos también, y yo no dejaba que ellas llegasen allí.  Qué trágico era todo pero qué bien me sabía querer Mario. Consentía mis caprichos de niña tonta y mis exigencias de mujer venida a más. Y todo eso lo hacía con su cuerpo menudito llenito de amor para mí. Qué suerte fue encontrar a Mario.

jueves, 22 de julio de 2010

Tratas de abreviar la eternidad con cifras





Es raro el día que no vienes a decirme que las gotas que caen de tu frente forman la figura exacta. Esa que habla de un día en el que las hojas caían, y lo hacían al ritmo que marcaban tus estrechas caderas. Con cada contoneo se iba mi mente y tú seguías por aquel camino que sólo lo marcaban las manos frías y te empeñabas en cerrar esos ojitos. Como si el mundo fuese a terminar y sólo quedásemos tú y yo en la oscura calle. ¿Cuánto crees que tardaré en abrir los ojos? Tres horas, una vida, dímelo tú. Arrástrate, que tu pelo se moje y hazme digna de ti. Por un momento creí que ibas a flotar sobre mí y que te perdería entre las puertas que no se abren y los días que no llegan. ¿Sueñas a color? A todo color, y veo como brillas entre el resto.

miércoles, 14 de julio de 2010

El arte de preparar un buen baño y la valentía de disfrutarlo



Me pesan los párpados, y tengo las manos doloridas. Me recuerdas a todo lo que puedo llegar a tener, por eso a veces me cuesta acercarme. He pintado una frase en el espejo de tu baño, algo que te recuerde que siempre voy dejando vacíos y que no sé si podré dar un paso más. Estoy mirando con unos ojos que no son los míos, y no quiero decirte cual es mi sueño por miedo a que te rías, o peor aún, a que me digas que ya lo cumplí sin darme cuenta.
No seas así y dame un poquito de tu sangre, de tus ganas, de tu risa. Dame uno de tus ojos, algún diente, o ese dedo que ya no te gusta. Soy una caníbal contigo pero es que no tengo otra forma de entenderte y quiero algo que sea tan tuyo que te duela. Luego me iré, y no busques explicaciones porque no las hay, ya te dije que soy un espacio vacío esperando a que algo pase y me llene. Y si me tocas con manos cansadas o tus ojos se vuelven débiles será mejor que me marche y busque a ese otro que arde al decir mi nombre. Espero que lo entiendas, amor mío.

domingo, 11 de julio de 2010

Tienes suerte de estar fuera de mi alcance




Sería tan fácil provocarte. Decirte lo mucho que me gusta besar, como muerdo siempre los labios, así suavecito, un dolor placentero. Como aprisiono la lengua con mi boca y me cuesta dejarla escapar. Me resultaría tan fácil provocarte con mis maneras, con mis gestos, que no tendría ni que contarte la de veces que me imagino enredada a ti, tan pegadita que ya no sabes qué es tuyo y qué es mío. Sería tan fácil, tanto ahora quiero que me provoques tú.

martes, 6 de julio de 2010

¿Quieres irte al diablo y dejarme en paz?


He vuelto. 
Podía estar más morena.
Me han preguntado en qué curso estoy.
He hecho amigos.
Rechacé una cita.
Me he reído muchísimo.
Miradas de asco cuando decíamos que somos de Bilbao.
Me he alimentado a base de paté y nocilla.
Luego os cuento más.

Por cierto, pensé que me echarías un poco de menos...